Para mí la entrada en el mundo del cortometraje fue "por culpa" de varios amigos directores que tenían proyectos propios y querían que les echara un cable. Por esa época trabajaba sobre todo en publicidad y cambiar el chip a un formato tan diferente para mí era casi como unas mini-vacaciones. Después de los primeros cortos, amigos de estos directores y productores empezaron a llamarme para trabajar en sus cortometrajes y empecé a cogerle el gusto. Siempre he enfocado un corto como si fuese una mini-película. Con esto me refiero a que doy y exijo a mi equipo los mismos estándares de calidad que si de un proyecto largo se tratara. Al fin y al cabo, considero que, cuando se hace un corto, no es solamente para contar una historia sino para aprender a hacer cine, y el cine no termina en el rodaje, sino que se extiende desde pre-producción hasta post-producción e incluso copias y distribución. La idea es que el cortometrajista, en lugar de tener que pedir favores a amigos para trabajar el color o los efectos del corto en el ordenador de la casa de alguien durante semanas, pueda acceder a salas y equipos profesionales a un precio razonable y aprender, de verdad, con qué herramientas se juega en el mundo real del cine.

En ese punto, fue un cambio de chip para empezar a tomar el cortometraje como un trabajo serio. Desde ese momento los proyectos se han sucedido sin parar, llegando al punto de tener directores de cortos, directores de fotografía o productores que cuentan conmigo y con mi estudio para todos sus proyectos y que incluyen la post-producción desde la pre-producción. Planificando para poder sacar mejores resultados y estar seguros de que el dinero que se pone delante de la cámara luce de verdad. Creo que el cortometraje está viviendo una nueva edad de oro gracias a lo digital. El muro que había que saltar antes con el rodaje en fotoquímico se ha reducido enormemente y los autores pueden concentrarse en contar su historia y optimizar los gastos para tener mejores medios, permitiendo que historias más complejas y más ricas lleguen a los festivales, las pantallas y la audiencia, sin tener que hipotecar la casa de tu madre para hacerlo. Esto crea más diversidad, más mercado, más audiencia y, en general, revitaliza un género que, para algunos de nosotros, es una pequeña mina de joyas cinematográficas.

Juan Ignacio Cabrera
Colorist / Stereographer / VFX

Es colorista y supervisor de efectos visuales, con más de 14 años de experiencia en el terreno audiovisual nacional e internacional tanto en publicidad como cine. Su experiencia en procesos digitales y últimas tecnologías (tales como la estereoscopía) le han llevado a trabajar en ciudades como Londres, Los Ángeles, Ámsterdam y Bombay. Ha trabajado en más de 30 cortometrajes en los últimos dos años, de los que cabe destacar Porque hay cosas que nunca se olvidan, de Lucas Figueroa (récord Guiness de premios a nivel internacional); The End, de Eduardo Chapero-Jackson; Adiós muñeca, de Hugo Sanz; Juan con miedo, de Daniel Romero; Qué divertido, de Natalia Mateo, etc.
También ha trabajado en ocho largometrajes de los que cabe destacar Balada triste de trompeta, de Álex de la Iglesia; Las viudas de los jueves, de Marcelo Piñeyro; Caótica Ana, de Julio Médem, etc.

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    Equipos artístico y técnico

    Actores y equipo técnico durante el rodaje del cortometraje Nadie tiene la culpa, de Esteban Crespo. Fotografía de Jaime Amigo
    Actores y equipo técnico durante el rodaje del cortometraje Nadie tiene la culpa, de Esteban Crespo
    Fotografía de Jaime Amigo

    Haría falta otra publicación completa para nombrar a los componentes de los departamentos habituales en un cortometraje; y otra para los actores y actrices. Al menos sirva este capítulo como reconocimiento a todos los que trabajan (habitualmente sin remuneración económica a cambio) en una producción audiovisual de nuestro género corto.

    Obvio decir que el cine, más que cualquier otra disciplina artística, es un trabajo en equipo. En un cortometraje quizá este valor se acentúa aún más y todas las personas que al final componen los créditos de un cortometraje han sido esenciales en su resultado final. Tanto en ficción como en documental o en animación.

    En los equipos artístico y técnico de un cortometraje confluyen los caminos de los que comienzan su andadura profesional y de los que su experiencia les hace decidirse a participar en un cortometraje, porque su recompensa artística es mayor que en otras producciones.

    A todos y a todas les pido un deseo: no dejéis nunca de participar en un cortometraje.

    Edu Cardoso
    Director de la publicación El cortometraje español en 100 nombres

    Sin cortarme

    El primer corto que tuve entre mis manos fue en italiano. Había estado en el Festival de Cine de Roma, donde Caótica Ana tuvo un gran éxito, y se puso en contacto conmigo Ivan Silvestrini, miembro del jurado. Me propuso protagonizar un mediometraje escrito y dirigido por él, Avevamo vent´anni, que produjo Medusa Films. Fue una gran aventura. Viví en Roma casi dos meses a finales de octubre del 2009 y al llegar no conocía a nadie ni hablaba italiano.

    Aprendí muchísimo, y estuve rodeada de ilusión. Los cortometrajes suelen hacerse con un enorme cariño, ya que para casi todo el mundo es un trabajo no remunerado y la implicación aparece porque cree de verdad en la historia que se cuenta y en el proyecto.

    A menudo el propio director es el autor del guión, y cuenta una pequeña parte de su mundo interior. Sus inquietudes, sus sueños, sus miedos, sus preocupaciones. Y es realmente un trabajo muy complicado, ya que en un tiempo limitado ha de contarse una historia que impacte, que seduzca y que transforme al espectador. Puede realizarse de la manera más sencilla, con muy pocos medios, pero requiere de un gran talento e ingenio.

    Cortos como Lo siento, te quiero, de Leticia Dolera, o El orden de las cosas, de los hermanos Esteban Alenda, me han enriquecido enormemente como actriz. Fueron grandes oportunidades para crear nuevos personajes y explorar diferentes mundos.

    Creo que es fascinante el mundo de los cortos. El arte de contar historias grandes con películas pequeñas.

    Manuela Vellés
    Actriz madrileña que debutó con Julio Medem en Caótica Ana. Después pudimos verla en películas como Camino, de Javier Fesser, y Secuestrados, de Miguel Ángel Vivas. También ha hecho trabajos en televisión (La señora, Hispania)