El imparable auge del audiovisual hace que las escuelas de cine proliferen y de algún modo hagan su agosto. Es lógico que cuiden el formato cortometraje, pues las prácticas en ellos son ideales. Los festivales tenemos que estar atentos al cine joven, único modo de sobrevivir en un marco cada vez más exigente y competitivo y, por tanto, la producción de las escuelas es un objetivo tan legítimo como cualquier otro a la hora de conformar las programaciones. Pero desde el punto de vista de los festivales se nota un desequilibrio a favor del documental. Los cortos de ficción tienen en la actualidad una producción tan potente que las escuelas no pueden competir en medios, con lo que sus propuestas tienen difícil cabida en los festivales. Sin embargo, los alumnos de documentales cuentan con la ventaja estratégica de que no necesitan grandes medios de producción y su filosofía es la misma de los documentales independientes actuales: rodar en digital, edición informática, etc., lo que les lleva a una igualdad de condiciones que permite que cortos documentales de escuela sean seleccionados en festivales.

Aunque también habría que constatar que la formación en documentales quizás sea más osada que en ficción.

Iniciativas como los másteres en Documental Creativo que se imparten en escuelas catalanas, como la Pompeu Fabra o la Universidad Autónoma de Barcelona, hacen que los alumnos hagan propuestas más interesantes que atraen el interés de programadores. Prácticas de estos dos másteres figuran regularmente en las parrillas de festivales. Tal vez las escuelas más dirigidas a la ficción deberían plantearse algo más de creatividad y menos industria.

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Javier Miranda
Programador Festival Alcances Cádiz

Escuelas de Cine

Prácticas y más prácticas en los centros de formación. Cortos y más cortos. Fotografía de José Haro
Prácticas y más prácticas en los centros de formación. Cortos y más cortos. Fotografía de José Haro

Si sumamos los alumnos de las escuelas de cine, de las facultades tanto privadas como públicas, de los módulos de audiovisual y de otros cursos varios, debe de haber anualmente muchos miles de personas formándose con la intención de incorporarse en un futuro cercano a la industria.

De todas ellas, un elevado porcentaje va a tener como primera parada práctica el cortometraje. Nuestro género corto es el elegido por los centros de formación para tomar el pulso a sus alumnos y para simular las condiciones profesionales que se encontrarán fuera de su ámbito. Por tanto, las escuelas de cine y otros centros de formación son verdaderas fábricas de producción de cortometrajes.

Algunas escuelas, normalmente aquellas que cuentan con más medios económicos y con una estructura cinematográfica muy bien armada, deciden distribuir las mejores prácticas de sus alumnos por los festivales de cortometrajes y, de esta manera, competir con los trabajos profesionales. Los resultados suelen ser muy positivos porque todas las temporadas nos encontramos con prácticas de escuelas que tienen un exitoso recorrido por el circuito de festivales. Algunas incluso traspasan esta frontera y son nominadas a los premios Goya o discurren por festivales internacionales.

También existen festivales que abren secciones especiales para programar únicamente trabajos de escuela, otorgándoles una especial visibilidad.

Para todos los que hayan estudiado en un centro de formación cinematográfico, recordar sus prácticas y sus primeros pasos es siempre mantener un vínculo creativo y afectivo con el género corto.

El cortometraje se convierte, entonces sí, en una verdadera escuela.

Edu Cardoso
Director de la publicación El cortometraje español en 100 nombres

Escuela de cine, estudiante, cortometraje. La conexión entre estos tres elementos sucede independientemente del orden en el que los evoquemos. Las escuelas de cine son sus alumnos, y a estos los identificamos por sus cortometrajes, cuyos títulos apuntalan los vértices sobre los que se construye el recuerdo de cada escuela.

Los cortos se han convertido en nuevas formas de interpretar la realidad. Los estudiantes, en símbolos del talento al servicio del trabajo. Y las escuelas, en contextos donde encontrar las huellas de los futuros creadores de la cinematografía. Los tres, indisociablemente, no sólo han marcado la historia del cortometraje español sino también la de óperas primas e incorporación de profesionales a la industria.

Ante la democratización de la tecnología, la creciente demanda por trabajar en el sector y la consiguiente oferta formativa, se vuelve fundamental potenciar la ecología de cortometrajes, que, como ejercicios creativos, sean capaces de impulsar planteamientos que renueven lo establecido, la gestión personalizada de las capacidades de cada estudiante para su especialización, y la motivación de las escuelas para reinventarse ante las demandas de la industria, del contexto educacional y de la percepción del alumnado.

En definitiva, reforzar las conexiones para consolidar la trascendencia de los futuros cortometrajes de escuelas.

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Azucena Garanto.
Directora de UNIFEST: Festival Internacional de Cine Universitario y autora del artículo Del dicho al hecho. El cortometraje en la escuela / La formación en el cortometraje en Yáñez, Jara (Ed.): La medida de los tiempos. El cortometraje español en la década de 2000. Madrid: Festival de Alcalá de Henares / Comunidad de Madrid. 2010. Págs. 227-298